Cuando no quieras sentir.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Casi llegando a la esquina nos miramos a los ojos, asustados por lo que estábamos por ser. 

Robarte un beso con gusto a chocolate me parecía muy poco, no porque tus labios no me alcanzaran, o porque no me gustara el chocolate, sino porque quería más que eso. Quería que fuéramos, quería que el mundo se acabara y nos encontrara pintándonos los ojos de este amor ciego.

Y en el momento que llegamos a la esquina, o ella a nosotros, pausamos los pasos y te tomé la mano, pensando que se acercaba la despedida. Y frenaste mi vida y te miraste en mis ojos. Y al encontrarte en los míos no supe que hacer, y así tentativo, simplemente te abracé. Y en ese abrazo no encontré sólo otros brazos, te encontré a ti. Me encontré a mí. Encontré lo que me estaba buscando. Pues mi cuerpo se entendía con el tuyo, como si fueran los labios de una misma boca, como si hubieran bailado mil canciones, como si mil brazos antes que los tuyos nunca me hubieran abrazado.

Y sentí tu corazón latir y lo acoplé con el mío. Y era todo tan perfecto, tan sutil, tan simplemente intenso, que mi coraje se transformó en miedo, porque ahí mismo comprendí, que ya no habría un antes, que ya no habría un volver atrás. Que vida sin ti, la mía ya no sería. 

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